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La mesa, el asno y el bastón

La quiebra de la confianza familiar y el triunfo de la justicia a través de tres dones mágicos.

¿Por qué un padre cree antes a un animal que a sus propios hijos? Este interrogante abre el ATU 563, un relato universal sobre la calumnia y el exilio como aprendizaje. A través de la injusticia inicial —provocada por la palabra de una cabra mentirosa—, el cuento nos sumerge en un viaje de restitución donde lo cotidiano se vuelve prodigioso para devolver la armonía al hogar.

El programa completo lo puedes ver aquí, mi parte la encontrarás a partir del minuto 41:25.
También dejo el corte de la sección para escuchar solo el cuento.

ARGUMENTO

Tras ser expulsados injustamente de casa, tres hermanos aprenden distintos oficios y reciben, como recompensa a su servicio, tres objetos mágicos: una mesa que se llena de manjares, un asno que provee de oro y un bastón que defiende a su dueño. Los dos hermanos mayores son víctimas del engaño de un posadero que les cambia sus dones por objetos ordinarios. Solo el ingenio del hermano menor, que utiliza la fuerza del tercer don para desenmascarar el robo, permite recuperar lo perdido y regresar al hogar para demostrar al padre la verdad de sus palabras.

OTRAS VERSIONES

Este esquema de los «objetos maravillosos» es uno de los más difundidos en la tradición oral. En España lo encontramos bajo títulos como:

    • Mesa componte o La mesita de poner comida (Aureliano Espinosa padre e hijo)
    • Jack y las habichuelas mágicas
    • El joven que fue a ver al viento del Norte
    • La mesita de los prodigios
    • El pollino que cagaba duros
    • La tauleta de mija nit (catalán)

Cada uno de estos relatos ofrece algunas variantes y cambios: en vez de una mesa es un mantel o un cazo, en vez de un asno es un gallo o una planta que llega hasta el cielo (habichuela o col) o una versión nórdica donde el donante es el viento. Y hay versiones por medio mundo.

El ATU 563 despliega una jerarquía de necesidades que va de lo fisiológico a lo civilizatorio. El drama no nace de una maldad intrínseca, sino de una quiebra de la confianza: el padre que otorga a la voz del animal (la cabra) una autoridad superior a la de la filiación. Este error de juicio desplaza a los hijos hacia un exilio que no es un castigo, sino una estancia técnica; la magia que obtienen —la mesa y el asno— no es un azar del destino, sino una retribución por el servicio prestado.

Sin embargo, el cuento constata una fragilidad: el sustento y la prosperidad son dones transferibles y, por tanto, robables. El bastón no aparece como una apología de la violencia, sino como la irrupción de la justicia necesaria para fijar la propiedad de lo conseguido. Solo cuando el tercer don entra en juego, el ciclo de exilio se cierra.

El final de la cabra frente a la abeja, quizá es uno de los que más me gusta.

Espero que disfrutes de esta historia y que te animes a contarla. 

Raquel López Cascales

Nací en un pequeño pueblo donde aprendí a escuchar los cuentos de mi madre y los chascarrillos de mi abuelo. Con el paso del tiempo diferentes caminos se abrieron delante de mí. Unos los recorrí con calma, otros de puntillas, a otros sólo me asomé, pero cuando entré en el sendero de los cuentos ya no busco el final, pues este viaje está lleno de sorpresas, personajes, mundos nuevos y viejos, piratas, dragones y aventuras. Cuento para niños, para jóvenes y para adultos. También enseño a contar y si me llaman para dar alguna charla cuento todo lo que se. Apuesto por la palabra, la voz y el gesto. Cuento allí donde haya alguien que quiera escuchar, disfrutar y soñar. Me gustan los cuentos de ahora y los de siempre, los largos y los cortos, los de risa y de sonrisa y los cuentos que al final te dejan sin palabras. Desde hace unos años solo me dedico a contar, pero a mí me gustaría ser como mi madre que es capaz de contar y hacer otra cosa a la vez.

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