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El pelo en la sopa

Cuando una mujer dijo basta, la historia cambió.

Hay historias que no se encuentran en las grandes antologías, sino que viajan de boca en boca en la intimidad de una cocina. Este cuento me lo entregó mi madre (Ulea, Murcia), poco antes de que el olvido se llevara sus palabras, como quien entrega una herencia que necesita ser revisada.

El pelo en la sopa es un cuento de costumbres que utiliza un elemento tan trivial como una sopa (en mi caso me entretengo con la receta, pero mi madre fue al grano) para radiografiar algo mucho más profundo: la normalización de la violencia y la herencia del miedo en el ámbito matrimonial.

Clasificado como un cuento de costumbres, de matrimonios, de fórmula, comparte el ATU 1365E con otros relatos humorísticos de matrimonios que discuten. 

El programa completo lo puedes ver aquí, mi parte la encontrarás a partir del minuto 06:30.
También dejo el corte de la sección para escuchar solo el cuento.

Y, si quieres más información de este relato, sigue leyendo.

RESUMEN

La historia nos presenta a una pareja de recién casados. El marido, al encontrar un pelo en la sopa y ante la insistencia de ella al asegurar que el pelo es de él, la golpea.

Tiempo después se repite la escena en otra casa y en otra casa y en otra casa.

Una mujer, también recién casada y conocedora de la historia, se planta y no deja que su marido le pegue.

El pelo en la sopa acuarela

Esta acuarela la dibujó Andrés Miguens mientras le contaba esta historia a Gerry Garbulsky en el podcast Aprender de grandes en Argentina. 

Para prepar este programa he leído otras historias de maltrato:

OTROS TÍTULOS

    • Barbazul: El arquetipo del marido que castiga la curiosidad con la muerte.

    • Sherezade: El uso de la palabra como escudo para aplazar la ejecución.

    • Piel de Asno: La huida como estrategia de supervivencia ante el incesto.

REFLEXIONES DESDE EL ESCENARIO

Desde que mi madre me contó esta historia, la he incorporado a mi repertorio con gran éxito. Sobre todo la he contado a jóvenes y me he encontrado con reacciones que me obligan a reflexionar sobre la vida y mi oficio:

  • La herencia del miedo: Cómo hemos normalizado durante siglos que «el matrimonio exigía una obediencia ciega».

  • El poder de decir «No»: El cuento no es pedagógico, no intenta dar una lección, simplemente describe un acto de rebelión necesario.

  • La memoria rescatada: Me siento muy afortunada de haber estado en la casa de mi infancia ese día y a esa hora. Cruzarme con mi madre en el pasillo y que, sin ton ni son, me contara, como siempre hacía.

Espero que disfrutes de esta historia y que te animes a contarla. 

Raquel López Cascales

Nací en un pequeño pueblo donde aprendí a escuchar los cuentos de mi madre y los chascarrillos de mi abuelo. Con el paso del tiempo diferentes caminos se abrieron delante de mí. Unos los recorrí con calma, otros de puntillas, a otros sólo me asomé, pero cuando entré en el sendero de los cuentos ya no busco el final, pues este viaje está lleno de sorpresas, personajes, mundos nuevos y viejos, piratas, dragones y aventuras. Cuento para niños, para jóvenes y para adultos. También enseño a contar y si me llaman para dar alguna charla cuento todo lo que se. Apuesto por la palabra, la voz y el gesto. Cuento allí donde haya alguien que quiera escuchar, disfrutar y soñar. Me gustan los cuentos de ahora y los de siempre, los largos y los cortos, los de risa y de sonrisa y los cuentos que al final te dejan sin palabras. Desde hace unos años solo me dedico a contar, pero a mí me gustaría ser como mi madre que es capaz de contar y hacer otra cosa a la vez.

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