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Como la vianda quiere a la sal

Un relato sobre el maltrato de un padre a su hija, por una respuesta malentendida, y el valor de lo esencial.

A veces, la violencia no nace de un gran conflicto, sino de una incapacidad absoluta para entender el lenguaje del otro. En este cuento, una respuesta que el padre considera «poca cosa» se convierte en el detonante de un maltrato y un destierro que solo se detiene cuanto la realidad se impone a través del gusto.

Este relato, clasificado como ATU 923, es un pilar de la tradición oral universal. Aunque existen versiones literarias célebres como el Rey Lear de Shakespeare, la variante popular que presento —recogida por Aurelio M. Espinosa en Cantabria— mantiene una frescura y una justicia poética que la voz del pueblo sabe conservar. Lo que parece insignificante, la sal, es en realidad lo que sostiene la vida y la verdad de esta historia.

 

El programa completo lo puedes ver aquí, mi parte la encontrarás a partir del minuto 41:35.
También dejo el corte de la sección para escuchar solo el cuento.

ARGUMENTO

Un rey pregunta a sus tres hijas cuánto le quieren. Las dos mayores comparan su amor con cosas preciosas o dulces (oro, piedras preciosas, azúcar, miel, vestidos caros). Sin embargo, la más joven dice que le quiere «como a la sal». El padre se siente ofendido por la respuesta de su hija menor y la expulsa de casa, mientras que recompensa a las hijas mayores en proporción al valor de sus halagos.

La hija menor se marcha y trabaja como sirvienta en un país extranjero, con cuyo príncipe acaba casándose. Invita a su padre al banquete de bodas y…

OTRAS VERSIONES

REFLEXIONES DESDE EL ESCENARIO

Me detengo en la integridad de esta protagonista. Lo que más me fascina de la princesa gansera es que «se mantiene en sus trece». No busca complacer a su padre retirando su palabra o pidiendo perdón por una ofensa que no cometió; acepta el castigo y el precio de su honestidad porque sabe que su respuesta es justa.

Aunque eso nos obligue a atravesar el desierto, que en ocasiones es muy largo.

Espero que disfrutes de esta historia y que te animes a contarla. 

Raquel López Cascales

Nací en un pequeño pueblo donde aprendí a escuchar los cuentos de mi madre y los chascarrillos de mi abuelo. Con el paso del tiempo diferentes caminos se abrieron delante de mí. Unos los recorrí con calma, otros de puntillas, a otros sólo me asomé, pero cuando entré en el sendero de los cuentos ya no busco el final, pues este viaje está lleno de sorpresas, personajes, mundos nuevos y viejos, piratas, dragones y aventuras. Cuento para niños, para jóvenes y para adultos. También enseño a contar y si me llaman para dar alguna charla cuento todo lo que se. Apuesto por la palabra, la voz y el gesto. Cuento allí donde haya alguien que quiera escuchar, disfrutar y soñar. Me gustan los cuentos de ahora y los de siempre, los largos y los cortos, los de risa y de sonrisa y los cuentos que al final te dejan sin palabras. Desde hace unos años solo me dedico a contar, pero a mí me gustaría ser como mi madre que es capaz de contar y hacer otra cosa a la vez.

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